miércoles, 22 de octubre de 2008

El rey David quedó peor

Eso dijo el otro día el cura que nos celebraba la misa en mi universidad. Nos hizo cantar el Santo, y claro, éramos pocos y no había forma de ocultar los desafines. Cuando logramos, mal que bien, terminar el canto, antes de empezar con la plegaria eucarística, nos miro un momento y dijo: "Tranquilos. El rey David quedó peor cuando bailaba tras el arca." Se refería al pasaje del capítulo 6 del 2º libro de Samuel, versículos del 14 al 16.
David bailaba porque sentía la necesidad de alabar al Señor y de testimoniar lo bueno y grande que éste era. A él no le importó que su mujer le considerara ridículo, le dio igual lo que dijeran los demás. Él bailó y se acabó.

¡Aprendamos un poco de él, coño! A ver si nos quitamos ya esa vergüenza de decirle a Dios que le queremos, de proclamarnos cristianos y hacer cosas sin pensar en qué dirán los demás, pensando tan sólo en lo que Dios estará pensando. Dentro de dos años recibimos al Papa en Madrid en las Jornadas Mundiales de la Juventud, y sería patético que nos avergonzásemos de ir allí, de demostrar qué bueno es el Señor y cuán agradecidos le estamos, de dar en los morros a los que dicen que la Iglesia está acabada con nuestro testimonio vivo de juventud y alegría de ser de Jesucristo sin ninguna vergüenza. ¡Que nos vamos al Cielo, y ellos no lo saben! Se lo tendremos que hacer saber, hombre...

Y si quedamos mal, también quedó mal el rey David bailando desnudo. A veces estas cosas pasan: se ríen, te desprecian, te llaman facha, bobo, ingenuo, alienado por la malévola iglesia... No debería tirarnos para atrás algo tan nimio.

2 comentarios:

opusprima dijo...

¡Totalmente de acuerdo! Cuántas veces nos avergonzamos, como si lo de ser cristiano no fuera con nosotros, y lo mucho que nos jugamos... Las próximas Jornadas Mundiales de la Juventud son una buena oportunidad para decir a muchos que no estamos amilanados, que estamos ahí y que nuestro mensaje es de fe y esperanza. ¡Duc in altum!

Ciudadano de Sión dijo...

Las JMJ de Madrid es la oportunidad de oro. ¿Las sabremos aprovechar? Dios quiera que sí.

¡Mar adentro! Y hasta el final, y no como el Ramón Sampedro ése...

Gracias por comentar.